El Tetazo y sus mirones ABDEL PADILLA

200 mujeres y 400 tetas no tienen sentido sin 300 mirones armados con cámaras, al igual que no lo tiene defender derechos sin agresores. Penosamente, una cosa está en función de la otra. Una vez más, ellas pusieron el pecho y nosotros miramos de palco.

Obelisco, martes 7 de febrero de 2017. El Tetazo

Si el movimiento comenzó por tres bañistas en topless expulsadas de una playa por 20 policías, ya no tiene mucha importancia. Lo que quedan son las olas de las reacciones, y en eso las aguas están divididas.

Como estaba previsto, el Tetazo argentino de esta semana, y en particular el bonaerense, en pleno Obelisco, convocó por igual a protagonistas y espectadores. Entre las primeras, mujeres de distintas edades, la mayoría jóvenes. Entre los segundos, varones de toda gama, algunos viejos.

Ellas llegaron puntuales. Al principio con carteles con mensajes como “las tetas que molestan son las que no se venden” o “mi cuerpo no es una contravención”, y luego con grafitis pintados en sus pechos, espaldas y senos: “mis tetas no son tu negocio”, “mi teta no es delito”, “basta de cosificación”…

Ellos también llegaron temprano y se pusieron cómodos en las jardineras del sector sur del Obelisco: brazos cruzados, lentes oscuros, celulares y cámaras en mano. Unos pocos con carteles de apoyo al movimiento –“¿por qué yo puedo hacer topless y ellas no?”– y los menos con corpiños prestados.

La frontera era un improvisado muro de mujeres, que expulsaban a quien se anime a bajar y entrar al redondel de las movilizadas, incluso fotógrafos y periodistas. “¡Fuera macho, fuera!, ¡fuera macho, fuera!”

Adentro había un movimiento en ebullición: gritos de los que brotaban cánticos, en la misma clave de un hincha de fútbol; caras de enojo y protesta; corpiños que flameaban; pezones pintados, algunos surcados de arrugas y cicatrices del amamantamiento; senos multicolores. Una madre con su hija. Ella y él tomados de la mano. Ella y ella tomadas de la mano…

Vida

Libre

Libres

Madre e hija

Ella y él

Afuera había silencio: ojos bien abiertos, bocas cerradas, manos en los bolsillos, frentes sudorosas; miradas, cual halcones, que cazaban pezones.

Al principio, vi pechos tímidos y temblorosos. Al final, senos cruciales que se ríen de la eternidad y de nosotros, los mirones.

Created By
Abdel Padilla
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Credits:

Abdel Padilla, Lo que se calló

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