¡Qué fracaso con el fracaso!

Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender.

Charles Dickens

Seguramente has tenido oportunidad de leer frases muy parecidas a las que abren este artículo. Frases que hablan de cómo el fracaso tiene algo qué enseñarnos, que es bueno si lo aprovechamos, etc., etc., etc. Sin embargo, en un mundo tan enfocado al éxito lograr ponerlo en práctica se convierte en un reto de dimensiones heroicas.

¿A quién le gusta ser un loser, aunque sea por poco tiempo?

Antes, el refrán decía “el muerto y el arrimado a los tres días apestan”, pero ahora, es un deber, casi moral, incluir también al loser.

¿Por qué es tan difícil aceptar el fracaso?

Estudios recientes indican que nuestra manera de ver el error es fundamental para superarlo.

Algunas personas consideran el error como algo catastrófico, como la prueba de su incapacidad para hacer o alcanzar algo. Fallar es dinamitar su autoestima.

Pero hay otras personas que perciben el error como parte de un proceso de aprendizaje. Fallar es algo inherente al proceso de crecer y desarrollarse. Su autoestima no está fundamentada en su éxito sino en su capacidad para aprender y superar retos.

¿En ti qué mentalidad predomina?

Si te respondes con honestidad esta pregunta, podrás entender mejor tu relación con el fracaso y el error.

¡Cómo olvidar una noche en uno de los antros de mi época! En esos tiempos, si querías bailar tenías que dirigirte a la joven que te gustara, pararte frente a ella, poner la mejor sonrisa de tu repertorio, intentando parecer a la vez seductor y sexy y pedirle con todo el aplomo de que eras capaz, que bailara contigo.

Aquella aciaga velada, le pedí a 6 mujeres diferentes que bailaran conmigo, mismas que con mal disimulado placer me dijeron “gracias, pero no gracias”.

Aquella noche sentí una empatía enorme con el hombre-elefante. Mi autoestima prácticamente no existía al terminar la noche.

Me sentía un total fracaso.

¿Si hubiera sabido que el error y el fracaso forman parte del desarrollo de todo triunfador me hubiera sentido mejor?

El hecho de saberlo es un primer gran paso.

¿Bastaría eso para que el día siguiente yo hubiera pensado que todo era parte de mi desarrollo como conquistador y que sólo había sido un pequeño tropiezo en mi ascendente y prometedora carrera?

Es prácticamente un hecho que no.

Lo más normal es que te duela el golpe, que llores, que te preguntes cómo fuiste tan imbécil como para caerte así, que te jures que nunca más lo intentarás, que sientas que eres una basura, etc.

Sin embargo, y aunque suene poco consolador de entrada, el hecho de saber que es parte de un aprendizaje que necesitas para tu vida, aun cuando en ese momento no lo entiendas, va haciendo un camino de aceptación, gradual y silencioso, que finalmente te lleva a descubrir grandes regalos gracias a ese fracaso.

Ahora que va a iniciar un año, donde seguramente habrá promesas de cambio, sería muy conveniente que pensáramos que cada esfuerzo que hacemos, aunque termine en “fracaso”, nos acerca a nuestro éxito, que forma parte de él. Aunque es indispensable hacer el esfuerzo por aprender. Porque decir no pude, no me salió, fracasé, no van a generarnos crecimiento ni desarrollo per se.

Intentar, fallar, aprender, ajustar, intentar nuevamente hasta alcanzar el éxito. Ese ciclo nos puede llevar a crecer ilimitadamente.

¡Que Dios nos dé fuerza para sacar éxito de nuestros fracasos, a partir de este nuevo año y para el resto de nuestra vida!

¡Feliz Navidad y exitoso Año Nuevo!

Escrito por José Antonio Rivera Espinosa

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