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“Le regalé mi medalla de oro porque sentí mucha compasión por ella” María Celeste Chavarría

Redacción: Cinthia Oviedo, Alumni.

La llamaron María Celeste Chavarría Herrera sin pensar en lo significativo que sería su nombre unos meses después. Es una niña con una agenda comprometida, por lo que -para conversar con ella- es necesario planificar con tiempo. Nació en Alajuela y creció con su mamá Ivonne Chavarría y sus bisabuelos, Lupita Cambronero y Olman Chavarría. Celeste tiene 12 años y su historia de vida hasta este momento ha estado llena de luchas, que han resultado principalmente en victorias.

Cursa sexto de la escuela Ascensión Esquivel Ibarra, le gusta mucho el estudio (sus calificaciones la respaldan) y disfruta de sus clases de inglés. Este año inició con clases presenciales lunes y miércoles en las mañanas más las virtuales durante todas las tardes. Está muy comprometida con sus estudios porque espera ingresar al Instituto de Alajuela, donde apoyan mucho el deporte y potencian su práctica.

A Ivonne le dijeron sobre su hija “tiene que decidir si hace de ella una princesa o una guerrera”. Esta frase hace que la mamá de María Celeste llore al contar un poco sobre el extraño síndrome con el que fue diagnosticada su hija con pocos meses de nacida. En ese momento sólo se registraban 20 casos en el país de Ehlers-Danlos, un síndrome que se presenta por una deficiencia de colágeno, lo que causa que sus articulaciones sean extremadamente flexibles, encontrándose casi sueltas, con una piel muy elástica y en las que además las escleras de los ojos se ven algo azules.

Según su mamá, cuando le preguntaron qué haría de su hija, no dudo un segundo en que sería una guerrera, y Celeste demostró desde los primeros años que estaba lista para luchar. Muchas afecciones se presentarían en el camino, alergias, intoxicaciones con ciertos alimentos, ir caminando por el supermercado con su bisabuela y que de un momento a otro se le desmontara la cadera, son parte de algunas de esas situaciones difíciles por las que empezaría a pasar. Su mamá tuvo que dejar de trabajar en el área de Turismo para dedicarse a ella 100% del tiempo, pero no para envolverla en una burbuja de cristal, sino para entender su síndrome, acompañarla en cada tropiezo y motivarla a levantarse.

“María Celeste es una niña super especial, le gusta cuidar a los animalitos, a los adultos mayores, a los niños pequeñitos, a algunos que tienen Síndrome de Down, ella los trata con mucho amor y se identifica mucho con ellos. Es muy espiritual, nosotros como abuelitos la queremos mucho y esperamos mucho de ella. Cuida mucho a su mamá y la chinea. Tiene muchos atributos y Dios le ha regalado el don de amor, y con ese don ella gana muchos corazones que la aman y la quieren”.

Lupita Cambronero, bisabuela.

Tan real se tornó la idea de convertirla en una guerrera, que a los 4 años empezó a entrenar en la disciplina de Judo, aunque fue por casualidad que inició en el deporte, fue una de las mejores decisiones que como familia han tomado. Era la única mujer en el equipo y la menor, después de ella seguían niños de 12 años. El talento de Celeste fue envidiable, tanto así que el entrenador del Comité de Deportes de Alajuela (CODEA) la fue a ver entrenar y la aceptó en el equipo a esa corta edad. A inicios del 2021 fue elegida en la Selección Nacional de Judo.

Ha participado en muchas competiciones y acumula un gran número de victorias: ha tenido más de 11 peleas en un día, saliendo ganadora en la mayoría de ellas. Dice que sí siente dolor, pero que no es tanto como el que otras personas que no tienen su síndrome podrían sentir. La competición que recuerda con más entusiasmo fue la Copa del Embajador de Japón, donde asistieron algunos familiares de las personas fundadoras del deporte y compartir con ellos, lo cual le llenó de orgullo.

En una de sus competiciones vio llorar a la niña que quedó de segunda y decidió regalarle su medalla, porque sabía que la haría más feliz, “creo que fue un momento de compasión y se la di”, afirma con mucha normalidad.

Celeste menciona que le gusta este deporte porque puede compartir con otras personas, además de que es importante y útil saber cómo defenderse. En la actualidad, entrena dos veces a la semana en CODEA y llega una hora antes a ser la asistente para los niños más pequeños. Además, está en terapia en natación y se ha convertido en una líder para otros niños con otros síndromes. “Me gusta ayudarlos, los profes no pueden estar con todos al mismo tiempo, entonces quiero ayudarlos por su salud y para que se diviertan”. Los sábados además entrena con la Selección Nacional de Natación.

“Es una niña muy especial no sólo por todo el aprendizaje que ha tenido en la disciplina de judo, sino porque a pesar de que se le diagnosticó con un síndrome que afecta su área motora, y que algunas personas consideran que podía causarle lesiones, fue todo lo contrario y más bien gracias a la práctica deportiva de una forma sistemática y bien dirigida, ha podido avanzar y a pesar de su corta edad ha tenido excelentes resultados a nivel deportivo y se proyecta como una niña que va a poder desarrollarse a lo amplio de nuestro deporte”.

Andrés Sancho, entrenador en CODEA.

Además de su gran capacidad en este deporte, Celeste sueña con ser veterinaria, específicamente le interesa el área de imagenología y fisioterapia. Lo tiene muy claro y es que su amor por los animales es enorme. Ha rescatado varios y apoya en diferentes causas. Zaguatex es una de esas causas, donde realizan campañas para ayudar a perritos de la calle. Ella vende varias creaciones propias para recolectar dinero, se ofrece para llevar los perros a pasear y busca siempre formas de apoyar a las organizaciones que requieran apoyo. Por si fuese poco, le gusta hacer voluntariado relacionado con el cuido del ambiente.

Celeste menciona que en su “tiempo libre” le gusta andar en patineta. Dice que una de las cosas que le interesa trabajar es romper estereotipos, porque es muy importante que otras mujeres se empoderen y sepan que pueden hacer lo que quieran, comenta que la ropa no tiene género, ni los deportes, y por eso también le gusta practicarlos, para demostrar que es posible.

El apoyo de Edunámica ha sido de mucha importancia para esta familia: llegaron a ellos por medio de su entrenador, que vio el alto potencial de esta niña, no sólo en el deporte sino académicamente. A Celeste le espera un largo camino de luchas, tanto en algunos dojos vistiendo kimonos como en su vida diaria, pero -si se puede entrever su futuro basándonos en su capacidad demostrada hasta el momento- no cabe duda que seguirá sumando medallas y triunfos: algunos que podrá colgar en su pared, otros que llevará consigo al superar los obstáculos, y que serán motivo de alegría y orgullo para ella, su mamá, sus bisabuelos y para todos quienes tienen la dicha de conocerla.