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No me digas como protestar Emily B. Chambi

Este texto es un repaso a nuestra memoria histórica y todas las protestas radicales empleadas por las “feministas de antes”, inserte su emoji irónico, para demandar igualdad de condiciones.

El contexto

El pasado 2 de agosto de 2019, en México, una adolescente que regresaba a casa después de una fiesta fue raptada por un grupo de cuatro policías, quienes luego la violaron por turnos dentro de un coche patrullero.

Bajo el lema de #LaPolicíaNoMeCuidaMeViola miles de mujeres salieron a las calles a protestar exigiendo justicia por este y otros casos. En puertas de la Procuraduría General de Justicia (PGJ), ante la negativa de las autoridades de tomar acciones el caso, las manifestantes se valieron de grafitis, purpurina rosa y gritos para denunciar la violencia social e institucional. Sí, estaban peligrosamente armadas con purpurina rosa.

Como resultado de la manifestación en contra de un sistema que reproduce y encubre a policías violadores, los vidrios de la Procuraduría se vieron afectados, así como el emblemático monumento mexicano conocido como el Ángel de la Independencia. Esto desató la indignación de varios internautas en redes sociales, quienes se dieron licencia para cuestionar los “métodos para exigir justicia” que emplearon las compañeras mexicanas. Pocos pusieron en discusión el delito de los uniformados. Ojo ahí.

Fotos: Eliana Gilet/Sputnik

¿Qué culpa tienen los monumentos? Decían muchos mientras se rasgaban las vestiduras, olvidando que todos los días varios monumentos son "vandalizados" por causas menos justas o inexistentes. No faltaron los y las que empezaron a hacer comparaciones entre las feministas del pasado y las de ahora, argumentando que “antes” las revoluciones se hacían de formas diferentes, que "con violencia no se puede pedir paz", porque las luchas y manifestaciones de las feministas de antaño “eran más mejor”.

Sirva este texto para recordar aquellos hitos revoltosos olvidados (o ignorados) de la historia y para demostrar que las protestas en la actualidad tienen el tono muy bajito, en comparación a las protagonizadas por nuestras abuelas. El proceso de conquista de los derechos de las mujeres no ha sido una “negociación pacífica”, fue un proceso violento y agresivo. Lamentablemente, los grandes cambios solo llegan alzando la voz y confrontando al poder. Los grandes señores de la guerra no pueden venir a decirnos que las reformas, políticas y sociales, más urgentes van a caer del cielo, como sus balas y bombas. No tienen moral.

Francesas revoltosas

La marcha sobre Versalles comenzó la mañana del 5 de octubre de 1789 entre las mujeres de los mercados de París que protestaban contra el alto precio y la escasez del pan y la falta de derechos. En esta coyuntura, Anne-Josèphe Théroigne de Méricourt, notó que la mayor parte de los partidarios de la revolución francesa estaban interesados en los derechos de los hombres, como varones, pero no en los derechos de las mujeres.

Cuando Francia entra en guerra con Austria, en abril de 1792, ella hace campaña por el derecho de las mujeres a portar armas:

"Francesas, lo digo de nuevo, elevemos la altura de nuestros destinos, rompamos nuestras cadenas. Es el tiempo, al fin, de que las mujeres salgan de la vergonzosa nulidad a la cual la ignorancia, el orgullo y la injusticia de los hombres las han esclavizado durante tanto tiempo".

La prensa y el machismo de la época la calumnian, la enjuician y acaba ingresada en un hospital psiquiátrico donde sufre torturas hasta el día de su muerte.

¿No te suena nada el nombre? Seguro que no, la historia de las mujeres siempre se olvida. Pero estoy segura que la viste: aparece como figura central en el famoso cuadro de Eugene Delacroix, ella es la Libertad guiando al pueblo.

Sufragistas y suffragettes

Las sufragistas británicas eran obedientes al sistema, buscaban reivindicaciones siempre por métodos legales y trataban de convencer, más que de imponer. Pero, ¿cómo convencer a alguien que no te escucha? Por el otro lado estaban las reaccionarias: las suffragettes, que preferían usar métodos de choque o de corte más enérgico y popular. Hacían manifestaciones, organizaban protestas, huelgas de hambre para atentar contra el orden establecido. Así fundaron la Unión Social y Política de Mujeres.

A la cabeza de la aguerrida e incendiaria Emmeline Pankhurst y bajo el lema de “hechos y no palabras” las medidas de presión para alcanzar el sufragio universal se fueron intensificando al no haber una respuesta desde el poder.

“Los cristales rotos”

Fue un episodio que marcó esta historia. Comenzó cuando estas mujeres organizadas apedrearon los escaparates, se enfrentaron a las fuerzas de seguridad e irrumpieron por la fuerza asambleas y sesiones políticas para plantear sus demandas.

Muchas mujeres fueron arrestadas y llenaron las prisiones donde iniciaron largas huelgas de hambre. Producto de esta medida, muchas de ellas eran victimas de la “alimentación forzada”: les introducían los alimentos por la nariz, el recto y la vagina.

En vista de que estas medidas no daban frutos se emitió la “ley del gato y ratón”, consistía en la liberación de las mujeres que estaban a punto de desfallecer por el ayuno y una vez que estaban saludables eran recapturadas.

Para evitar la recaptura de estas mujeres, Edith Margaret Garrud fundó el grupo de guardaespaldas de la Unión Social y Política de Mujeres, conformado por un grupo de 30 mujeres instruidas en las artes del jiujitsu japonés y se batían cuerpo a cuerpo con los agentes que buscaban recapturar a las líderes feministas. Es decir, se agarraban a piñas con la policía. Fueron apodadas las "Jiujitsuffragettes".

La determinación de estas mujeres que estaban convencidas de que los derechos no se negocian sino que se conquistan, las llevó a ejecutar otras medidas de presión y de protesta.

Destrozaban los buzones de correos y los escaparates de comercios y establecimientos colaboracionistas. Atacaban iglesias, incendiaron el Pabellón de las Orquídeas del Real Jardín Botánico de Kew, vertieron ácido en los campos de golf e incendiaron estaciones

En la noche del 13 de junio de 1913, Kitty Marion junto a una compañera del movimiento sufragista, prendieron fuego a una tribuna del hipódromo en protesta por la muerte de Emily Wilding Davison, quien había perdido la vida después de haber sido pisoteada por el caballo del rey Jorge V durante una protesta.

En 1913 Emmeline Pankhurst se dirigió a la mansión de David Lloyd George, ministro de Hacienda, y lanzó varias bombas incendiarias contra su casa "para despertarlo". Pankhurst fue condenada a tres años de prisión por "conspiración para incitar a ciertas personas a que cometan daños contra la propiedad".

Fue un grandísimo error llevar a Pankhurst a prisión. Ese mismo año, un día después de su arresto, la militante sufragista Mary Richardson ingresó en el National Gallery y atacó con un cuchillo de cocina el famoso lienzo “La Venus del espejo”, obra de Velázquez.

Tres días después, Annie Briggs, Lillian Forrester y Evelyn Manesta causaron alboroto, rompiendo los cristales de 13 obras de los mayores y más valiosos cuadros de la colección The Manchester Guardian.

Al cierre

Esta es una breve retrospectiva sobre los métodos de presión social empleados por las primeras feministas en Europa para conquistar los derechos más "básicos" dentro una sociedad. Como estos hay muchos ejemplos en el resto del mundo -obviamente también en Bolivia- y en los distintos periodos históricos.

Esta recapitulación no es una exhortación a la violencia, por supuesto. No se está afirmando que la única forma de alcanzar derechos o justicia es incendiando una iglesia o dinamitando una estación de tren, pero sí reivindicamos la acción directa cuando el poder establecido y la sociedad ignoran una injusticia evidente.

Ahora bien, como decía la Domitila Chungara, “si me permiten hablar” le pido a la comunidad hater de las luchas feministas que se mantengan al margen de la validación de los mecanismos de protesta empleados por los colectivos de mujeres para visibilizar sus demandas. “No me digas como protestar” si no vas a colaborar.

Las formas civilizadas, la escritura de manifiestos y las marchas pacíficas no funcionan en una sociedad en la que cada día asesinan a más de una mujer por el simple hecho de serlo. No sirve negociar con un maltratador ni con un entorno que lo justifica. No vamos a negociar el dolor.

Coda

Para los preocupados por el bienestar y apariencia de las ciudades, sepan que los monumentos, las obras de arte y los espacios públicos no le pertenecen a un Estado, sino a una comunidad y cuando parte de esta es violentada y asesinada, es un deber y un derecho inalienable la toma y ocupación de estos símbolos y espacios como una manifestación de desobediencia.

Los cuadros se restauran, la piedra se limpia, las iglesias se vuelven a construir, los vidrios se reponen, pero la vida de las mujeres no regresa, el trauma de una violación no se diluye, la confianza en la humanidad no se vuelve a construir.

Las mujeres no vamos a obedecer las leyes de los hombres ni vamos a ser sentenciadas por ellas, si es que el estado y sus brazos operativos no aseguran la integridad, física y emocional de la población femenina.

Si por las leyes me sentencias, que las leyes me protejan también. NO RECONOZCO TU GOBIERNO, SI NO CUIDA MI CUERPO.
Created By
Emily B. Chambi
Appreciate

Credits:

Eliana Gilet-Sputnik/Dominio Público

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