Las lluvias reviven a los lagos Poopó y Uru Uru

Marcelo Tedesqui/ marcelo.tedesqui@eldeber.com.bo

Se ha recuperado casi la mitad de la extensión total del Poopó, aunque la profundidad del agua alcanza solo para cubrir los pies. El retorno del Uru Uru le ha devuelto la esperanza a sus vecinos

El milagro cayó desde el cielo, a través de la lluvia. Fue cuestión de días, el lago Poopó dejó de ser un salar y ha recuperado casi la mitad de su extensión en agua, según la Gobernación de Oruro. El Uru Uru también ha revivido y eso le ha devuelto la esperanza a los pobladores que lo rodean.

La profundidad del agua alcanza para mojar los pies, pero el gobernador de Oruro, Víctor Hugo Vásquez, asegura que es el inicio de un proceso de recuperación que será largo. “Una de las cacarcterísticas de estos lagos, es que no son profundos”, apunta, señalando que está casi llena de agua la mitad de su superficie.

El Uru Uru desde el aire

Un equipo de EL DEBER sobrevoló los dos lagos en una aeronave de la Fuerza Aérea Boliviana.

Tras despegar, la avioneta se dirigió al sur, alcanzó una altitud de 4.000 a 5.000 pies, hizo un recorrido de unas 60 millas. El mayor Alfredo Mauricio Quinteros no ocultó su sorpresa. “Hay un cambio completo, los anteriores sobrevuelos realizados mostraban que, específicamente, el lago Poopó estaba completamente seco, prácticamente era un salar. Observamos que con la lluvia de este mes la situación ha cambiado mucho, calculo yo en más del 50%”.

El gobernador coincide con el militar. “En años de crecimiento pico del Poopó ha llegado a tener una superficie de 3.200 kilómetros cuadrados, en años más normales tuvo 1.600. Según nuestros últimos cálculos estamos con 703 kilómetros cuadrados. Tomando en cuenta la cifra más baja hablaríamos de que se ha recuperado casi la mitad de la superficie que suele tener”, dijo el gobernador,

Durante el sobrevuelo, la pequeña avioneta monomotor se encontró con una nube que cubría la parte central del lago, donde caía una copiosa lluvia, lo que daba la sensación de proporcionar al lago una constante recarga de agua, porque los alrededores estaban despejados o con nubes altas. La tripulación rodeó el temporal mientras se sacaban las fotos.

Abajo, el brillo del agua de poca profundidad que se fundía con el fondo de arena o piedra generaba, a manera de espejo, la ilusión de ver un cielo de 360 grados

El ingeniero y director de posgrado en Investigación Científica de la Universidad Técnica de Oruro, Milton Pérez, declaró esta semana a la agencia de noticias EFE que la recuperación del espejo de agua no es suficiente y está por debajo de las expectativas, ya que antes de secarse lago tenía una superficie de más de 2.000 kilómetros cuadrados.

En el Uru Uru

Hay menos datos sobre superficie recuperada del lago Uru Uru. La Gobernación orureña hace una valoración y la presentará el martes, pero el puente Español, situado a la salida a la ciudad rumbo a Pisiga y sus alrededores, es la principal evidencia de que hay más agua.

En plena vía, a metros del puente un letrero dice: “Lago Uru Uru. 2.706 metros sobre el nivel del mar. Rico en pejerrey, pariguanes y patos salvajes”. Parecía una burla en noviembre, cuando no se veía ni gota de agua por ningún lado. Esta semana se pudo comprobar que aunque no se divisaba la vida silvestre anunciada en el letrero, desde el lugar, sí se ve agua.

Por debajo del puente Español solo había arena en la visita anterior. Ahora circula agua que llega directamente desde el río Desaguadero.

Esta vez ya no se pudo llegar hasta el lugar donde hace dos meses se entrevistó al afligido lugareño Pedro Calizaya, quien entonces contó que en 2016 había perdido 80 ovejas de las 400 con las que comenzó el año y diez vacas de 40 que tenía, pero no puede identificar el lugar donde las reunía y donde las enterró porque ahora está lleno de agua.

Doña Elena, que vende pan y refrescos en su quiosco ubicado en un puesto de control policial, señaló que “todo estaba seco, pero después de Navidad empezó a llover y la cosa está mejorando”.

Sonrió llena de esperanza. “Este año lo invito para Semana Santa, tengo fe que como está aumentando el agua, va a haber pescadito, y para esos días, vamos a poder vender aquí como en los viejos tiempos. Vamos a freir pejerrey, con chuño, papa, arroz graneado, ensalada y llajua”.

Luego continúa: “Es la bendición de Dios, así es la naturaleza, hay sequía, como también hay lluvia. Gracias a Dios por lo que pasa. El gobernador pone paños fríos. “Lo que puedo decir es que eso de la producción de pescado vendrá después, no será inmediatamente, para eso falta mucho, tenemos muchos problemas aún, en los próximos años. Mi temor es que la pesca prematura acabe con la sostenibilidad del tema. Vamos a trabajarlo a fondo” .

El 2016 fue un año malo para Oruro

Plantaciones de quinua y otros sembradíos se perdieron o no se llevaron adelante. El ganado sufrió o murió por falta de agua o por contaminación

Los pobladores que viven en localidades que rodean el lago Uru Uru lamentan que la sequía les dejó un pésimo año 2016. El ganado sufrió por la falta de agua y la salinidad del líquido de los pozos, mientras que los agricultores lamentaron grandes pérdidas o desistieron de hacer cultivos, como el de la quinua.

En este video se ve como era la situación hace solo unos meses:

Hugo Mamani trabaja con ganadería vacuna y ovina: “El 2016 ha sido un año muy malo, realmente nos ha ido pésimo, principalmente porque la sequía ha generado falta de agua y de forraje para nuestros animales, eso nos ha perjudicado demasiado, hemos sufrido muchas muertes y pérdidas”.

Mamani dice que la otra cara de la moneda se ve desde hace dos semanas cuando comenzó la lluvia “y eso nos está inundando. De esta forma se pierden los pastizales y estamos en lo mismo”.

Doña Fidelia, quien vive en Challacollo, cerca del lago Uru Uru, señala que para ella “está bien que haya aumentado el agua. Yo vivo acá, no tengo ganado así que de eso no sufrí, pero sí afectó la escasez de agua, no había ni para tomar. Desde la semana pasada recibimos el servicio, fue un 2016 muy difícil”.

Cuadras más allá, el agricultor Galo Aguilar Vásquez dice que en San Pedro de Challacollo, a 20 kilómetros de Oruro, “el retraso de las lluvias ha perjudicado muchísimo, llueve desde el 6 de enero, muy a destiempo. Nosotros debimos sembrar en septiembre. Yo me dedico a la quinua, pero le confieso que este año no lo hice, pese a las pérdidas enormes que eso me significó”.

Aguilar sembró esta vez forraje para ganado, “pero eso me trae otro problema ahora, porque con la lluvia se ha inundado, espero que la cosa mejore”, asevera.

Lamenta que “los animales sufrieron mucho, se halló salinidad en el agua de pozo. La Gobernación dotó de tanques y así se tuvo que paliar en parte el problema, también con el uso de cisternas. Espero que el 2017 sea mejor”.

En este otro video se ve cómo fue desapareciendo el lago Poopo, hoy recuperado parcialmente.

Fotos y videos: APG, Archivo EL DEBER/ Composición gráfica: Christopher André

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