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Introducción

La ceremonia del ch’a’ cháak—“traer la lluvia”— es un ritual agrícola central para los mayas yucatecos, que se lleva a cabo entre los meses de julio y agosto, dentro del tiempo que se conoce como canícula. En su cosmovisión, la realización de esta ceremonia asegura que las milpas de los mayas sean regadas por los chaques o Señores de la Lluvia. A ellos se les ofrece un festín con distintos tipos de alimentos elaborados exclusivamente para invitarlos a “bajar” a Este Mundo y traer con ellos el agua. El ch’a’ cháak puede ser celebrado por todo un pueblo o bien por grupos que siembran en distintos rumbos de cultivo. Actualmente existen localidades en las que solamente se celebra un ch’a’ cháak, mientras que en otras, las menos, se continúa celebrando más de uno.

En el pueblo de Chacsinkín, ubicado al sur de Yucatán, el ch’a’ cháak se hace presente de manera peculiar. Con una población cercana a los 3,000 habitantes (3104 para el municipio según datos del INEGI para el 2020), el 90% de los cuáles son maya hablantes, Chacsinkín cuenta con una larga tradición milpera, ya que durante la Colonia era una de las localidades que abastecía a la ciudad de Mérida. Actualmente la milpa se complementa con la apicultura, la horticultura y el trabajo asalariado fuera del pueblo.

Una de las características que distingue su modo de hacer ch’a’ cháak es el alto número de rumbos a partir de los cuales se organizan los campesinos para llevar a cabo esta ceremonia. Cada rumbo se corresponde, en mayor o menor medida, con los puntos cardinales e inter cardinales, más el centro, dando un total de nueve. Si bien esta organización por rumbos es propia de los pueblos mayas, el caso de Chacsinkín también destaca por la presencia de capillas en cada uno de estos puntos en los que tiene lugar el ritual.

La construcción de estas capillas tuvo lugar en la década de 1990, con la llegada del sistema parroquial al pueblo. Su implementación surgió a raíz de la iniciativa del entonces párroco, en diálogo con la comunidad. Con ellas se pretendió contar con espacios fijos, techados, no efímeros, que sirvieran como recintos permanentes para ejecutar el ritual agrícola. A la vez, la introducción de imágenes católicas en dichos recintos abrió paso a un nuevo complejo ceremonial que llegó a modificar la organización socio-religiosa del pueblo.

Con excepción de uno de ellos, actualmente los rumbos de ch’a’ cháak se identifican con una capilla y con un santo. De ser espacios exclusivamente dedicados al ritual de petición de lluvias, poco a poco se han transformado de tal modo que hoy se encuentran entretejidos con el sistema asociado al catolicismo popular predominante en las comunidades mayas yucatecas: con sus fiestas patronales, sus novenas y sus gremios. Sin embargo, esta transformación no solo no ha desplazado el ritual agrícola originario, sino que ha fortalecido la organización social y ceremonial de la comunidad, en la que destaca la mayor presencia de las mujeres en la celebración de las novenas y fiestas patronales de estas capillas.

El ciclo agrícola y ritual de la milpa en Chacsinkín

La milpa es un policultivo ancestral de los mayas de Yucatán, base de su alimentación desde los tiempos antiguos hasta hace algunas décadas. En la milpa, además del maíz, se siembran variedad de frijoles, calabazas, ibes, tubérculos, siendo esta diversidad de cultivos su principal fortaleza. Ciertamente la milpa se ha transformado, adoptando y adaptando prácticas, herramientas e insumos e intensificando el uso de planadas como en la localidad que nos ocupa, en la que ha disminuido la tumba de monte alto pero se conserva el policultivo, al menos en una porción de la misma. En el diagrama se muestran las labores propias del calendario agrícola de la milpa asociadas a los rituales que son parte integral del mismo.

Los antiguos milperos llevaban saká a la milpa en cada uno de las labores: antes y después de la tumba, en la quema, en la siembra, en el chapeo. El saká es una bebida hecha de maíz, cuyo nixtamal se prepara sin cal, que se vierte en jícaras: 4 para los puntos cardinales y una mayor al centro, y que ofrece el milpero, solo o acompañado por algún familiar. Cuando ya cuelga la mazorca se añadía un pollo asado y con los primeros elotes se hacían primicias ofreciéndolas en un altar en la casa y rezando un rosario. El waji kool o comida de la milpa es para agradecer la cosecha y es una celebración generalmente familiar. Actualmente los milperos no realizan todas las ceremonias, pero continúan llevando saká en alguna ocasión y ofreciendo primicias y el waji kool cada dos años cuando lo acostumbran. La única ceremonia en la que siguen participando la mayoría de los que hacen milpa es el ritual colectivo del ch’a’ cháak o petición de la lluvia, realizada desde fines de julio hasta inicios de septiembre.

Socios del rumbo de Tzucacab

En Chacsinkín, los grupos de ch’a’ cháak se encuentran formados por un conjunto de varones, entre 20 y 48, que generalmente hacen su milpa en el mismo rumbo (un total de 235 en el 2019). Cada uno de estos grupos tiene en su base a dos familias extensas con miembros de tres generaciones, abuelos, hijos o nietos, a los que se agrega algún cuñado, suegro, compadre y que suelen estar emparentadas entre sí y establecer alianzas matrimoniales. A estas parentelas se agregan otros socios por afinidad o lugar de residencia. Estos grupos han mantenido el número aproximado de sus integrantes o socios durante los últimos 20 años observándose que el liderazgo ha cambiado entre las dos familias principales que lo organizan.

Cada grupo cuenta con un representante y un secretario o tesorero. Año con año el representante se encarga de fijar la fecha en la que se llevará a cabo la ceremonia, así como de extender la invitación a los participantes y contratar al jmeen o especialista ritual para que presida el ch’a’ cháak. Por su parte, el secretario lleva un registro escrito de los socios o participantes que asistirán. Y además, a cada socio le corresponde aportar una cantidad monetaria que ronda los $40, un ave (gallo o pavo) viva, pepita molida, pimienta, recado rojo, azúcar, maíz, tomates, manteca, sal, todo lo cual servirá para la elaboración de los alimentos rituales, y una veladora. En ocasiones, algunos socios doblan o triplican su aportación, pues desean llevar parte de la comida a sus familiares. También se dan casos en los que los representantes asumen el gasto correspondiente a algún socio fallecido, pero cuya cónyuge o hijas aún participan en las cocinas. Todo ello es muestra de las relaciones de reciprocidad en torno al ritual que sostienen estos grupos y explican su permanencia aun en tiempos difíciles.

Los socios del rumbo de X’bol sacan los panes del píib

Paralelamente a quienes preparan los panes, otro grupo de hombres trabaja en la construcción del píib. Esta es una de las labores más cansadas, pues su ejecución implica no sólo cavar el hoyo que contendrá el alimento a cocer sino también acarrear una gran cantidad de piedra y de leña, y colocarla adecuadamente para que se consuma de modo uniforme. El sofocante calor vuelve esta faena un proceso aún más arduo. En algunos rumbos, como el de X’box, el píib se encuentra alejado de la capilla, por lo que el traslado de los panes se hace en triciclo. En otros casos se ubica a pocos metros de distancia, de modo que el alimento puede ser trasladado sobre una lona sujetada por dos o más socios. Ya dentro del horno, se procede a cubrirlos con hojas de huano y con una capa de tierra. Hecho esto todos los socios se van a descansar; la actividad en la capilla cesa durante unas tres horas, tiempo en el que cuecen los panes. Dentro de la capilla permanecen el jmeen y su ayudante, así como el representante del grupo de ch’a’ cháak y su secretario.

Transcurrido el tiempo necesario, los socios van llegando poco a poco. Ante una tierra que arde intensamente, los socios se dividen el trabajo de excavarla y extraer de ella los panes. Aunque fatigante, esta labor no carece de humor entre los compañeros; cada vez que uno toma una pala para remover la tierra, el resto observa con atención el grado de destreza con el que se desenvuelve, así como los inevitables gestos frente al calor abrasador al que se somete. Cuando uno de ellos ha tenido suficiente, pasa su pala a alguien más. Como es de esperarse, en este punto los alimentos están sumamente calientes, de ahí que, como se observa en la imagen, éstos se van pasando de un socio a otro hasta llegar a la capilla.

Los panes de los socios en el rumbo de Tzucacab

Alejados a tan solo unos metros del jmeen y del altar, el representante y su secretario juntan aquellos panes que serán repartidos entre los socios. Éstos son puestos sobre una o varias lonas. El secretario saca su lista y llama a cada uno de los socios para que los tome; en ella se indica cuántos panes le corresponden. Como puede observarse en el rumbo de Tzucacab esta ceremonia se realiza en medio del monte, ya que aquí no se construyó capilla alguna y el altar se prepara cada año a la manera en que tradicionalmente se levantan los altares para esta ceremonia. Al final de la misma se desmonta la mesa pero se dejan las cinco piedras que se habían colocado abajo del altar, cuatro en las esquinas y una en el centro con sus respectivas velas.

En esta exposición interesa destacar la organización y participación de los socios y no solo del jmeen en la misma. De manera que la contribución de los integrantes del grupo, con sus aportaciones y su trabajo en todo el proceso de elaboración y cocimiento de los panes, no deja de ser primordial. El trabajo de las cónyuges en la preparación de las aves y la sopa es también necesario, por lo que todas estas labores y los espacios donde se realizan son importantes, al igual que el convivio al compartir el trabajo y la comida y al final el repartir lo correspondiente a cada familia participante.

Cuatro altares de ch’a’ cháak en los rumbos de Tzucacab, X’bol, X’box y Peto

Todas las capillas miran hacia el poniente, de manera que el altar se ubica al oriente y el jmeen pueda dirigir los rezos y ofrendas hacia esta dirección, por donde se aguarda la llegada de los Señores de la Lluvia.

El altar es el centro de la ceremonia de la petición de lluvias, ya que aquí se coloca y se ofrece la bebida y la comida que se prepara para los chaako’ob. Ahí también están la cruz, las velas, los cigarros y el incienso. Las fotos muestran altares de diferentes rumbos que corresponden a distintos momentos de la ceremonia. El primero, de material perecedero, se construye cada año en el rumbo de Tzucacab; el segundo, ubicado al interior de la capilla de X’bol y hecho de concreto, se cubre con hojas de jabín y se levanta un arco de ramas de este árbol sobre él. En éste se observa el momento de la ofrenda de saká, el cual se reparte entre 13 jícaras, tal como se hace en el rumbo de X'box, donde se utiliza una mesa de madera situada a un lado de la capilla de mampostería. El cuarto corresponde al rumbo de Peto, levantado dentro de la capilla; esta imagen muestra ya el ofrecimiento de los panes y el choko’oj o sopa con patas de pollo.

Capilla de la Sagrada Familia, rumbo de Peto

Como se mencionó en la Introducción, fue a finales de la década de 1990 cuando se comenzó la construcción de las capillas que hoy día se observan en los diversos rumbos de ch’a’ cháak. La iniciativa del entonces párroco de Chacsinkín fue bien recibida por la comunidad. Las primeras capillas se construyeron con material vegetal, como madera obtenida en los montes circundantes y hoja de guano para servir de techo. Así, las capillas no sólo sirvieron para conglomerar a los campesinos de tal o cual rumbo, sino también como un espacio que permitía protegerse de la lluvia durante las ceremonias. Con el paso del tiempo a algunas capillas se les ha colocado piso de mosaico, se les ha techado con lámina e incluso se han construido de nuevo con mampostería lo que ha llevado a que los socios de los distintos rumbos compitan entre sí por el prestigio de su fiesta y su capilla.

La capilla más antigua es la del rumbo de Peto, que ya existía y se reparó entonces. A ésta se llevaba la Santa Cruz el 3 de mayo para festejarla, antecedida por una novena. Esta capilla destaca de las demás en tanto que se encuentra ubicada sobre una pequeña loma, pero también porque es la capilla que ocupa el rumbo del Oriente. Algunos pobladores de Chacsinkín afirman que ésta es la capilla “principal” y que anteriormente, al iniciar la temporada de ch’a’ cháak, era ésta la primera en llevar a cabo la ceremonia, antecedida por una rogativa o novena. Lo que es un hecho es que en el cosmograma nativo dicha capilla se encuentra en el rumbo por el cual se espera siempre la llegada de los chaako’b.

A finales de 2020 esta capilla fue sustituida por otra semejante a la de San Miguel con techo de lámina y el frente y el fondo de mampostería.

Capilla de Úlumkan

La introducción de las capillas trajo consigo tres aspectos novedosos. Por un lado, la construcción de altares permanentes, hechos de material no perecedero. Por otro lado, un acercamiento del espacio ceremonial del ch’a’ cháak a la liturgia propia del catolicismo popular en las comunidades mayas, particularmente a las fiestas celebradas en honor del Santo Patrono al cual se adscriba la capilla. Finalmente, una mayor participación de las mujeres en dichos espacios, tradicionalmente un contexto masculino dada su vinculación con la milpa.

Además de la fiesta patronal, en las capillas empezaron a realizarse diversas ceremonias tradicionales como novenas, primicias, e incluso misas. Cada jueves se celebraba misa en una capilla en lugar de hacerla en el centro. Al final de la misa se hacía el t’oox o distribución de las ofrendas y comida que llevan las familias para compartir, de acuerdo a los productos tradicionales del momento como polkanes de ibes, atole, arroz con leche o tamales.

La capilla del rumbo de Úlumkan nos presenta un caso peculiar, siendo la única en la cual el ch’a’ cháak coincide con el onomástico de la santa a la cual está dedicada, Santa Ana, asignando así una fecha fija a la petición de lluvias (26 de julio). Anterior a dicha fecha se lleva a cabo una novena, cuya organización corre a cargo de las cónyuges de los socios del ch’a’ cháak, como sucede también en las demás capillas en las que se hacen novenas. La novena concluye el día 25 de julio. Para su ejecución se contratan a tres maestras, las cuales se encargan de dirigir los rezos correspondientes.

Ofrendas a los chaques y a la Sagrada Familia, rumbo de Peto

Uno de los casos más interesantes es el de la capilla del rumbo de Peto. Anteriormente mencionamos que es esta capilla la que se encuentra en el oriente, lugar privilegiado por donde llegan los Señores de la lluvia. Este recinto está dedicado a la Sagrada Familia. Sin embargo, pese a que a aquí la fecha del ch’a’ cháak no coincide con el día de este “santo”, los socios del rumbo han implementado un período correspondiente a tres novenas que antecede al ch’a’ cháak. Así, si bien la fecha de la petición de lluvias es variable, una vez fijada también se establecen 27 de rezos que le precederán. La primera novena se dedica a San José, la segunda a la Virgen y la tercera a “Dios”. Como sucede en todas las novenas, las personas encargadas de los rezos son mujeres, aunque en cada novenario participan tanto hombres como mujeres.

Como podemos apreciar en la imagen, esta confluencia entre el ch’a’ cháak y el festejo de la Sagrada Familia se expresa también al interior de la capilla. Así, la ceremonia de petición de lluvia hace uso de dos altares: uno de ellos, “moderno”, hecho de concreto y por lo tanto permanente; el otro, “tradicional”, construido a base de una mesa de madera, arcos vegetales y troncos, y por lo tanto efímero. Este último se construye frente al primero y tiene preeminencia sobre aquél, pues toda acción ceremonial comienza en él y se reproduce en el otro. De este modo, el trabajo ceremonial del jmeen implica tanto a los Señores de la lluvia como a la Sagrada Familia. Visto una vez más en comparación con el rumbo de Úlumkan, si ahí el ch’a’ cháak se hizo coincidir con el día de Santa Ana, en el rumbo de Peto fue el tiempo correspondiente a la Sagrada Familia la que se acopla con el ch’a’ cháak.

Capilla de San Miguel Arcángel, rumbo de Chak’an

La capilla de este rumbo es la segunda más grande y modificada en el pueblo. Sus paredes son de reja de alambre, excepto por la pared frontal y la trasera, que están hechas de mampostería, al igual que sus postes. Su piso es de losa y su techo es de lámina de aluminio. Solamente cuenta con una entrada frontal, por el lado poniente. Su puerta es de madera y permanece cerrada, el representante del rumbo es el encargado de abrirla y cuidarla. Esta capilla, ubicada al suroeste, se dedicó a San Miguel Arcángel, patrono muy venerado del pueblo vecino de Tixméhuac y reconocido también como uno de los chaques más poderosos.

La ceremonia del ch’a’ cháak que se celebra en este rumbo se realiza en su mayor parte dentro de la capilla. Es el altar de San Miguel el mismo que se prepara para colocar las ofrendas y adentro también se preparan los panes y las sopa. El rumbo de Chak’an y las familias y sus parentelas que viven en las calles aledañas, son reconocidos por su religiosidad y tradición. Desde que se construyó la capilla se celebraron novenas, primicias y desde luego a San Miguel.

Este año, 2020, la pandemia llevó a la supresión de la fiesta patronal, no hubo bailes, jarana, ni corridas de toros, si bien no dejó de cumplirse con la promesa de entregar el gremio y cada uno, de los nueve que hay, entro y salió discretamente del templo para hacer posible la continuidad de las celebraciones. Sin embargo, los ch’a’ cháak sí se celebraron, al menos cuatro de ellos, con la asistencia de la mayoría de los socios, la lluvia tan indispensable para las milpas no podía dejar de invocarse.

Fiesta de San Martín de Porres en la capilla del rumbo de X’box

El incremento en el tamaño de la capilla y su consecuente asimilación a una iglesia ha ido de la mano de un crecimiento en el culto a San Martín de Porres, su santo patrono. Actualmente, la fiesta dedicada a este santo el día 3 de noviembre es la segunda más grande que se celebra en Chacsinkín, solo superada por la fiesta de San Pedro y San Pablo, patronos del pueblo. La fiesta de San Martín es antecedida por una novena, también organizada por las socias que invitan a participar a otras muchas familias de la localidad. Otra de las capillas, que al lado de las de X’box y la de Chak’an, destaca por la celebración de su patrono, San Francisco de Asís, es la de X'bol. Pese a que es de las capillas más sencillas es también muy renombrada por la procesión numerosa del gremio y el baile de la cabeza de cochino.

Como hemos podido observar el sistema de novenas en las capillas de Ch’a’ cháak ha cobrado una fuerza considerable en la organización religiosa de Chacsinkín, particularmente con la participación de las mujeres en estos espacios. Ello sin menoscabo de la celebración de las ocho ceremonias agrícolas que se continúan realizando y, en dos casos, se entrelazan con las novenas. Ambas celebraciones implican la colaboración de toda la familia y la solidaridad e intercambio entre parientes y vecinos como cuando el representante asume las aportaciones de las viudas o al final de la ceremonia, además de los socios que reciben su parte, se reparte comida a quienes se acercan.

Tal y como le vaticinaron al párroco que inició su construcción “…si tú te organizas por grupos de vecinos, siempre logras más participación”.

Credits:

Margarita Rosales González y Diego Enrique Ballesteros Rosales