Me duele mi dolor

"QUIEN SABE DE DOLOR, TODO LO SABE"

DANTE ALIGHIERI

Con el rostro contraído por una mezcla de dolor y pánico, mi amigo clamaba desesperado a sus familiares:

“Por favor, encuentren la medicina. Por favor, lo que sea, hagan lo que sea, pero consíganla”.

Quien suplicaba tan vehementemente era víctima de agudísimos dolores, provocados por un muy avanzado cáncer en la médula.

La medicina a la que se refería era la morfina, único fármaco capaz de hacerle sobrellevar el dolor, aunque ya cercano a la muerte, ni siquiera eso lo podía mitigar.

Cuando salí de la habitación, sentí un temor reverente ante la situación que había presenciado.

Hay pocas experiencias que puedan marcar la vida de una persona como el haber sufrido en carne propia el dolor físico en gran escala.

Ante la realidad del dolor, las constituciones físicas más fuertes desaparecen, los espíritus más inquebrantables se rompen como palillos, las creencias más profundas y las fes más sólidas se terminan o se transforman de manera irreversible.

Pueden llevar a la persona a pedir a gritos o a susurros, que le quiten la vida.

Buda decía que

"el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional"

Sufrimos porque nos apegamos a las cosas.

Deseamos que las cosas sean como nosotros queremos y, si las cosas no salen así, entonces sufrimos.

Y esto es válido para cualquier tipo de sufrimiento, excepto para el físico.

Recuerdo un día que una persona que había terminado su relación con la que él creía sería su esposa, me dijo llorando:

"Te juro que si me hubieran cortado el brazo, me dolería menos”.

Sin embargo, creo que más que sentir dolor, sufría.

Es un misterio para mí el por qué y, sobre todo, el para qué del dolor como realidad ineludible en la existencia humana.

Si yo hubiera diseñado al hombre, quizá también hubiera incluido un poco de dolor como una voz de alerta para indicar que algo anda mal y se debe reparar.

Sin embargo,

¿cuál es el sentido del dolor profundo?
¿Cuál es el propósito de llevarlo al extremo?

Después de haber experimentado grandes dosis de dolor, el ser humano nunca vuelve a ser el mismo.

Ha sido acrisolado, purificado.

Vive cosas similares pero las experimenta de otra forma. La vida cobra un nuevo significado. Se está preparado para, virtualmente, iniciar la vida.

Es como si hubieras pagado un alto precio por conocer el valor de la vida y todo cuanto abarca, pero quizá, al corte de todo, habrá valido la pena.

El título de este artículo es la frase que usaba mi hijo cuando era muy pequeño y algo le dolía mucho.

El día que llegue el momento de enfrentarme al dolor extremo, cosa que no deseo, quizá podré parafrasearlo y decir

“después de todo, no me duele mi dolor.”

Escrito por José Antonio Rivera Espinosa

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