El Sembrador salió a sembrar La semilla en buena tierra

Introducción:

A) El Sembrador salió a sembrar y parte de Su semilla cayó en Su tierra labrada.

B) En este cuarto terreno vemos algo sumamente indispensable para el buen fruto; la mano del Sembrador que salió a sembrar Su semilla.

“ Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno… Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.” (Marcos 4:8, 20).

La semilla en buena tierra

Los tres puntos a considerar el día de hoy bajo este tema son los siguientes; 1) La preparación necesaria para la buena tierra, 2) la recepción consecuente de la buena tierra, y 3) los resultados evidentes de la buena tierra.

I. La preparación necesaria para la buena tierra

A) Veamos primeramente la condición previa de la tierra antes de la siembra;

B) De este modo vemos que en tal estado en que nos encontrábamos, es obvio que quien prepara y labra la tierra para la buena semilla es Dios mismo, Señor y dueño de la tierra;

  • “Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios.” (Hebreos 6:7).
  • Como también el Salmo 65.

C) Por lo tanto vemos que una preparación previa en la tierra siempre es necesaria para la buena recepción de la semilla.

“Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno…"

II. La recepción consecuente de la buena tierra

A) En Mateo 13:23 el Señor Jesús dice sobre esta parábola;

  • “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

B) Vemos que la recepción que se espera de la buena tierra es debido a la obra de gracia que Dios hace en nuestros corazones, esto según Su pacto de gracia;

  • “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36:26-27).
  • “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.” (Ezequiel 11:19-20).

C) Es por esa obra de gracia que Dios hace en Su pueblo, la razón de porqué ahora podemos recibir Su Palabra y llevar frutos para Su gloria.

"Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.”

III. Los resultados evidentes de la buena tierra

A) Nuevamente el Señor dice en Mateo 13:23;

  • “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

B) Eso mismo encontramos en el Salmo 1 cuando leemos lo siguiente;

  • “Bienaventurado el varón que…. en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” (versos 1-3).
  • Y en Proverbios capítulo 2:2-7 leemos; “Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. El provee de sana sabiduría a los rectos; Es escudo a los que caminan rectamente.”

C) Por lo tanto vemos que aquellos que reciben la gracia de Dios y por consecuencia entienden la Palabra de Dios, son la buena tierra según la parábola del Señor quienes siempre llevan fruto de gratitud por la gracia recibida.

Conclusión: Nuestro Catecismo de Heidelberg Día del Señor 32, P/R 86 pregunta:

Si somos librados por Cristo de todos nuestros pecados y miserias sin merecimiento alguno de nuestra parte, sino sólo por la misericordia de Dios, ¿por qué hemos de hacer buenas obras?

Porque después de que Cristo nos ha redimido con su sangre, nos renueva también con su Espíritu Santo a su imagen; a fin de que en toda nuestra vida nos mostremos agradecidos a Dios por tantos beneficios y que Él sea glorificado por nosotros. Además de esto para que cada uno de nosotros sea asegurado de su fe por los frutos. Y finalmente para que, también por la piedad e integridad de nuestra vida, ganemos a nuestro prójimo para Cristo.

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Iglesia Reformada Cristo Redentor
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