Loading

Fútbol femenino: La otra desigualdad

Lejos de los millones de dólares y de las enormes coberturas mediáticas que genera el fútbol profesional de hombres, el de las mujeres se mantiene como puede y a puro pulmón en Paraguay. Con un presupuesto mínimo pero con enormes ganas, las mujeres futbolistas van camino a una profesionalización que les cuesta sudor y lágrimas, pero también muchas satisfacciones.

La sociedad paraguaya está marcada por la cultura machista. Desde hace décadas, hemos sido instruido para entender y creer que las labores femeninas y masculinas estaban bien definidas y casi separadas. Como todo proceso cultural, esas costumbres se hicieron muy fuertes y permearon todas las capas sociales, incluyendo, por supuesto, el deporte.

El fútbol fue, en ese contexto, un deporte creado para los hombres. Con el paso de los años, el fútbol empezó a ocupar un lugar muy importante en la cultura social del país, lo que derivó a profesionalizarlo. Hoy día, este correr detrás de la pelota para hombres es parte de un show que tiene su alto costo para el espectador, pero que encuentra por detrás de todo este espectáculo una estructura muy sólida y sobre todo, enorme.

Oficialmente, los torneos de la división de honor o categoría “Primera” de la Liga Paraguaya de Fútbol – hoy día, Asociación Paraguaya (APF) – empezaron en 1906. Tuvieron que pasar 93 años para que el fútbol femenino ingrese a la APF como torneo oficial. Ocurrió en 1999, con la participación de una docena de equipos.

Según los datos que maneja la web historia.com, la primera futbolista mujer que se tenga registro oficial fue Nettie Honeyball, una inglesa fanática del fútbol que en 1894 se animó a algo absolutamente revolucionario para su época; puso un anuncio en un diario local de Londres en el cual solicitaba mujeres para formar el primer equipo oficial de fútbol femenino; Logró su objetivo con un puñado de otras valientes y el 1 de enero de 1895 quedó inaugurado el club “British Ladies FootbalL Club”.

Más de 100 años después de aquella iniciativa de Honeyball, de este lado del continente, nuestro país empezó a gestionar sus primeros torneos oficiales en la rama femenina de fútbol. Sin embargo, la realidad actual habla de que todavía el balompié de las mujeres está muy por debajo de los estándares que maneja los hombres y que falta todavía un largo camino por llegar a la profesionalización. Sin embargo, hay esperanzas.

Desde este año, la FIFA estableció como una cuestión obligatoria que cada club profesional de Paraguay tenga también su equipo femenino. Algunos clubes ya estaban bien formados en sus respectivas ramas femeninas. Otros, sin embargo, tuvieron que ponerse las pilas para formar sus equipos.

Las capitanas de Guaraní y Cerro Porteño (Foto archivo de la APF)

En algunos casos, los clubes tuvieron que fusionarse con otros para lograr mantener una plantilla de jugadoras y hacerse con los gastos, de viaje, cuerpo técnico, etc. Es lo que hizo Libertad con el Sportivo Limpeño, este último, equipo tradicional en la rama femenina y que en el 2016 llegó a la gloria total, con la consagración como campeón de la Copa Libertadores de ese año. Los clubes fusionados suman tres y al de Libertad-Limpeño se suman El Sportivo San Lorenzo-12 de Octubre de Itauguá y Nacional con Humaitá.

Actualmente, el torneo de la APF en la rama femenina está integrada por 15 equipos. Los 12 de Primera División (incluyendo los fusionados) más Independiente de Campo Grande, La Universidad Autónoma de Asunción (UAA) – una de las más tradicionales en la rama y la más ganadora en cuanto a títulos – y General Caballero de Zeballos Cue.

Mientras la APF destina alrededor de G. 7.800 millones (Un millón 300 mil dólares) para cada club de fútbol profesional masculino por año, para el equipo femenino la suma destinada es G. 30 millones (4.950 dólares), además de algunos balones. La diferencia es brutal. Pero este dinero deriva de lo que se consigue gracias a los sponsors de cada torneo.

Noelia Barrios está en la dirección de Competiciones de la APF y trabaja de cerca en lo que hace al fútbol femenino en el país. Fue jugadora, conoce el mundo futbolístico y desde hace año y medio trabaja en este departamento buscando incentivar a los clubes a apostar por el fútbol femenino pero principalmente, como ella mismo dice, a reducir la desigualdad existente.

“Todavía nos falta para ser profesional. Tenemos mucho por crecer, pero creo que nos estamos encaminando. Ahora hay clubes que están teniendo contratos, se está pagando por mes y al día a algunas futbolistas. Lastimosamente acá (Paraguay) las jugadoras no pueden dedicarse al 100 % al fútbol. Todas o casi todas estudian o trabajan a la par. Muchas son madres, incluso” expone Barrios.

La agente de competiciones de la APF dice que se tuvo grandes cambios en los últimos años. De lo que era casi como un hobby, hoy los clubes ven como una oportunidad también para profesionalizar al fútbol femenino. Alega que este proceso llevará su tiempo pero que, a pesar de las limitaciones, nuestro país ha sabido tener grandes futbolistas que brillan en las ligas más exigentes actualmente.

Los y las dirigentes que trabajan en el mundo futbolístico de las mujeres lo hacen casi siempre a puro pulmón. Es difícil conseguir auspiciantes para un torneo que casi no tiene cobertura mediática, pero la pasión y las ganas están en cada domingo. Los clubes más importantes como Cerro, Olimpia, Guaraní y otros tienen establecidos convenios con sus sponsors para dotar de indumentarias a su plantilla femenina. Pero las cuestiones contractuales todavía tienen grandes lagunas. No todas las que conforman los planteles tienen contrato, un requisito casi ineludible para catalogar a la división de fútbol femenino como profesional.

Gilda Arrúa es periodista y es una de las pioneras en el periodismo deportivo escrito en Paraguay. Además, fue la primera jefa de prensa de un club de fútbol, Libertad. De hecho, empezó a trabajar en 1.999 en el rubro, justo en el año en que el fútbol femenino empezaba en la APF. Gilda habla de cómo es trabajar en un sector que, al igual que el fútbol, se creía netamente para hombres.

“Empecé en 1999. Mi Papá es Preparador Físico de Fútbol y desde el vientre de mi mamá ya respiro fútbol. Por eso tiempo estuve al tanto de como es todo este ambiente. Nunca me sentí diferente por ser mujer, porque amo este trabajo y mi dedicación siempre fue absoluta. Si me di cuenta del trato diferente de algunos colegas periodistas deportivos, sobre todo cuando comencé a trabajar como jefa de prensa, pero tanto es mi amor a este trabajo que siempre traté de no responder a nada, salvo contadas ocasiones, para no perder el foco del trabajo” expone Gilda.

Sobre cómo ve actualmente la situación del fútbol femenino, Gilda habla de que cambió mucho en comparación a cuando ella hacía sus primeras coberturas. “En el tiempo que realizaba las coberturas de fútbol femenino a nivel local e internacional - cubrí el primer torneo sudamericano a nivel de clubes en Lima en 1999 - era muy precario todo. Las canchas eran malisimas, y había mucha desprotección en cuanto a las lesiones. Ha mejorado, pero todavía hay mucho por hacer. Que tengan mejores campos de entrenamiento y de juego, y que mejore todo lo relacionado a seguros médicos, sueldos, viáticos, indumentaria deportiva, pelotas, etc. y que se tengan más programas de capacitación a entrenadoras y árbitras” dice la profesional.

En cuanto a lo que falta para llegar a que el fútbol femenino llegue a ser un deporte profesional, Gilda no tiene dudas. Habla de más compromiso de las instituciones deportivas pero le agrega también un punto fundamental; la apuesta del sector privado como sponsor para los torneos o las propias futbolistas. “Y obviamente que los medios de prensa le den más difusión. Hay muchas historias de vida de mujeres que hoy brillan tanto en el exterior como en nuestro país” señala Arrúa.

Plantel de Cerro Porteño, campeón absoluto 2018 (fotos APF)

A pesar de las precariedades de los clubes y del poco presupuesto en cuanto al fútbol femenino, nuestro país actualmente tiene a figuras por todo el mundo. Jessica “Pirayú” Martínez juega en el Club Delantero Tacon, de la segunda división del fútbol español. Martínez es goleadora de la Albirroja y fue campeona de la Libertadores con el Sportivo Limpeño en el 2016. Jugó en el Santos de Brasil y desde diciembre del año pasado está en España. También en esta misma división está Gloria Villamayor, fichada el año pasado por el Real Oviedo.

La que llegó más lejos actualmente en España es Dulce Quintana, que fichó por el Espanyol y juega en la Primera División de ese fútbol. Quintana también había sido campeona con Limpeño y actualmente integra la plantilla principal del cuadro blanquiazul. Fue fichada el año pasado y su contratación significó una de las grandes incorporaciones del cuadro de Cataluña.

También hay otras destacadas jugadoras que están en los Estados Unidos de América, becadas por las universidades y jugando este deporte.

Sin mucho ruido, sin contratos millonarios, sin estadios abarrotados de público – De hecho, apenas para la Copa Libertadores se les permitió a utilizar las canchas de fútbol profesional de Sol de América y Nacional – las mujeres levantan también su voz ante la desigual lucha que llevan en nuestro fútbol.

“Sería interesante que los medios de prensa le den más espacio a las mujeres en el periodismo deportivo. Hay muy pocas en comparación con otros países de Sudamerica. Creo que solamente hay dos periodistas que forman parte de staff deportivos de radio. Luego muy pocas cronistas, y ninguna comentarista o relatora” dice Gilda Arrúa.

Tan cierto como el poco destaque dado por la prensa nacional al fútbol femenino, que esta sea la primera nota de Cancha Chica al respecto confirma la premisa. Nuestro compromiso es buscar cambiar esta situación, desde donde nos tocas, a partir de ahora.

Created By
Cancha Chica Benítez
Appreciate

Credits:

APF

Report Abuse

If you feel that this video content violates the Adobe Terms of Use, you may report this content by filling out this quick form.

To report a copyright violation, please follow the DMCA section in the Terms of Use.