1986. 22 de junio.

Estadio Azteca. Segundo tiempo de los cuartos de final de la Copa Mundial.

Argentina enfrentaba a Inglaterra. Minuto 6.

Diego Armando Maradona toma el esférico pasando el medio campo, con movimientos de cintura logra quitarse a tres defensores mientras avanza al área grande. De pierna zurda toca para Jorge Valdano quien no puede controlar bien el balón, por lo cual Steve Hodge lo despeja elevándolo hacia su portero.

El portero Peter Shilton brinca para despejar de puños pero Diego se anticipa extendiendo el brazo izquierdo y con la mano anota el primer gol del encuentro. Maradona quedó adelantado pero no era fuera de lugar pues el pase venia de un defensor inglés. A la postre Argentina avanzaría a semifinales donde enfrentó a Bélgica y le ganó 2-0. Después se proclamó campeón por marcador de 3 goles a 2 teniendo a Alemania como enemigo.

Era la Argentina de Maradona como fue el Brasil de Pelé o Ronaldo; la Alemania de Beckenbauer, Klinsmann o Matthäus; Italia de Zoff, Meazza o Maldini; Inglaterra de Charlton o Moore; España de Di Stefano o Butragueño; Francia de Zidane o Platini; Holanda de Cruyff o Van Basten; Croacia de Suker; Portugal de Eusebio; Dinamarca de Laudrup; Bulgaria de Stoichkov; Hungría de Puskas; Chile de Zamorano; Colombia de Valderrama; Paraguay de Chilavert, vamos, México de Blanco.

Hoy suenan nombres en varias partes del mundo, hombres de gran calidad que asustan a cualquier enemigo. Seres humanos que ganan millones de monedas por trabajar en lo que les apasiona, filmar un comercial o calzar un par de tenis. Tienen apellidos que venden muchas playeras que empiezan con M de Lionel, D de Cristiano, I de Zlatan, D de Neymar, R de James, D de Didier, R de Franck, V de Robin, R de Wayne o S de Luis.

Pero, qué tienen en común que los diferencia de los inmortales, de los que su nombre los referencia con su selección como si fueran dueños de la misma, que aún no es el Portugal de… o la Argentina de… Qué les falta para poder ser auténticas leyendas, pues miles de jugadores han desfilado por las canchas del mundo pero su popularidad ha quedado en el olvido.

Hace algunos días comí con un amigo...

...fanático desde hace algunos años del Real Madrid; él me comentaba que su equipo era el mejor del mundo. Línea por línea tiene a los mejores exponentes, hoy, y que su única competencia en Europa era el Barcelona, algún equipo italiano o alemán. No ganó la liga porque tiene a un rival azulgrana enfrente pero es capaz de competir contra cualquiera y superarlo por goleada. Yo lo cuestioné argumentando que había que compararlo con los Galácticos de Raúl, el Milán de Inzaghi, el Manchester United de Giggs, el Bayern Munich de Kahn o el Barcelona de Ronaldinho para realmente saber sí eran mejores que...

Cuando escuchó a Ronaldo de Assis Moreira se rio, me dijo que cómo podía comparar a Ronaldinho con Messi sí el argentino lo ha ganado todo, es el mejor jugador del mundo, nadie en este mundo puede hacer lo mismo que él, driblar, correr, rematar de cabeza, arrastrar el balón más de 50 metros pegado al pie como si lo trajera cocido. La verdad me vendió la idea muy bien.

Mi respuesta literal fue: “Sí, puede hacer eso como yo lo puedo hacer en el FIFA, realmente date cuenta que parece un juego de video: a Messi dale el balón, lo lleva hasta la portería y anota. ¿Dónde quedo el espectáculo? ¿Es un partido de fútbol asociación o una carrera con obstáculos? ¿Qué ha hecho Messi por Argentina? Seamos realistas, nunca ha ganado una final de un Mundial”.

Mi amigo se quedó callado y después reaccionó para decirme: “Claro, Cristiano tampoco ha hecho algo con Portugal”.

¿Qué les falta para poder ser auténticas leyendas? Creo que les hace falta responderle a su país. Trascender con su selección. Demostrarle a su nación su calidad. Dejar el corazón en la cancha por su selección. Ser la insignia nacional. Sudar sangre por la camiseta cada vez que son llamados o por lo menos no reusarse a jugar en muchas ocasiones. Claro, a veces los partidos son de chocolate y contra selecciones que traen jugadores que sólo los conocen los narradores de su país, por miedo a lastimarse o calentar la banca aunque esa es otra historia que contar.

UNO NO PUEDE PRESUMIR SER EL MEJOR DEL PLANETA SI NO ES UN SUPERHÉROE. ¿USTEDES QUÉ CREEN?

Porque podrán ser los mejores del mundo acorde a un premio, el Balón o el Guante de Oro. Ser campeones de liga, de copa, de la UEFA, Champions o un Mundial de Clubes. Ser los mejores en sus posiciones; inventar nuevas jugadas; nuevos movimientos; pasar el balón con la cabeza, el pecho, los pies, los muslos y hasta con salva sea la parte para que todos en el estadio los coree. Pero sí no son los héroes de la historia, sí no son CAMPEONES DEL MUNDO aun con todo ese palmarés no se les puede encumbrar como DIOSES DEL FÚTBOL.

1970. 17 de junio.

Estadio Azteca. Segundo tiempo de la semifinal de la Copa Mundial.

Alemania versus Italia. Minuto. 20.

Franz Beckenbauer se enfila a toda velocidad hacia la portería luego de quitarse a un defensor italiano. Llegando a los linderos del área es obstaculizado por Pierluigi Cera. Franz sale volando hacia delante cayendo sobre su hombro lesionándose la clavícula. Los alemanes piden penal pero el árbitro decide que la falta fue fuera y concede el tiro libre.

Italia se había ido al frente al minuto 8, pero hacia el final del encuentro Alemania logró empatar. Fue un ir y venir con acciones de peligro en las dos porterías donde los disparos iban hacia afuera o pegaban en los postes. En el primer tiempo extra los teutones le dieron vuelta al marcador a cuatro minutos de comenzar, sin embargo la historia volvió a cambiar con dos goles de los azzurri. A diez minutos de culminar todo los alemanes cobraron una falta por la banda izquierda, su delantero remató de cabeza picado pero el portero azul lo envió a tiro de esquina; al cobro del mismo el centro fue pasado un bávaro se alzó sobre tres defensas y logró recentrar el balón para que uno de sus compañeros se lanzara de palomita y empatar el encuentro.

Inmediatamente los italianos regresaron al medio campo. Dieron 1, 2, 3, 4, 5 pases hasta que llegó a un delantero azzurri, éste se escapó por la banda izquierda metió la diagonal y de derecha Italia consiguió la anotación para ganar 4-3. Así terminó el “Partido del Siglo”, además de que Beckenbauer jugó lo que restó del partido y los dos tiempos extras con el brazo amarrado al cuerpo.

Si no confían vayan al Estadio Azteca.

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