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El pacífico en Pereira desde el sabor de la tokiomanía

Que el pacífico en Tokio sea el símbolo de lucha social, de desarrollo y gran diversidad, de integración social e individual, que la música reemplace las armas y desigualdad, que el compromiso sea el factor de cambio y promueva en cada uno el amor por su comunidad.

Por Juan Manuel Upegui y Sofía Arango Delgado

La vasta extensión de la diversidad cultural humana ha forjado nuestra identidad, una identidad que compartimos a diario y que llevamos en la sangre, misma que ha derramado consignas de paz y libertad para nuestro mundo. La conservación de nuestras tradiciones nos ha hecho partícipes prósperos de un mundo cambiante e inesperado.

Superar la división entre nuestras culturas, someter la segregación y suprimir arrebatos de inequidad, son necesarios para la construcción de la paz, la estabilidad y el desarrollo de nuestros territorios.

La cultura es diversa, misma que posee un valor intrínseco para cada ente resonante dentro del colectivo multicultural, el desarrollo de las identidades propias y colectivas, así mismo, enriquece la libertad de las masas y promueve su desarrollo emocional, un sentir que se apropia de todo y de todos.

La diversidad cultural es una fuerza motriz de desarrollo, no sólo en lo que respecta al crecimiento económico, sino como medio para concebir una vida intelectual, afectiva, moral y espiritual más próspera. Esta diversidad es un componente indispensable para reducir la pobreza y alcanzar estándares de desarrollo sostenibles.

Tokio demuestra que la diversidad cultural y su empoderamiento, constituye una fuerza elemental dentro de los diversos paradigmas sociales. Su música es símbolo de fuerza y poder colectivo. Bailar al ritmo de las voces prósperas de tan dichosa comunidad fundamenta el ferviente deseo de seguir demostrando nuestra humanidad a través del folclor pacífico.

Por si fuera poco, Tokio, siendo un sector con recursos ilimitados de nuestra ciudad, ha demostrado que de lo sencillo y de lo poco, pueden surgir grandes cosas. No se es pobre en el corazón, sino en la mente, misma que ellos alimentan con amor.

No es solo un barrio más, es una comunidad diversa y compleja, llena de grandes singularidades, firme en su deseo de salir, no solo adelante, sino al espacio, superar sus límites y forjar en ellos anhelos tan fuertes que incluso las tragedias sociales no sean un reductor frecuente para estos deseos.

Que el pacífico en Tokio sea el símbolo de lucha social, de desarrollo y gran diversidad, de integración social e individual, que la música reemplace las armas y desigualdad, que el compromiso sea el factor de cambio y promueva en cada uno el amor por su comunidad.

Credits:

Juan Manuel Upegui y Sofía Arango Delgado

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