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96 horas de viaje para huir de Venezuela

Cerca de 593 mil venezolanos han salido de Colombia en los últimos nueve meses. Soportan climas extremos y hacen largas caminatas para llegar a Perú, Ecuador, Chile o Argentina.

Cindy A. Morales - Subeditora ELTIEMPO.COM

Fotos y video: Juan Manuel Vargas - EL TIEMPO

El éxodo venezolano ha tenido su foco principal en Cúcuta y Bogotá

Los reflectores han estado puestos en estas ciudades donde miles entran y salen. Casi todos ellos tienen como destino final Colombia.

¿Pero qué pasa con los venezolanos que atraviesan todas nuestras montañas para llegar a otros países? ¿O los que no se quedan en las grandes capitales?

Una carrera contrarreloj para llegar a Perú

La salida de Aimé* desde Maracay, la capital del estado venezolano de Aragua, no fue tan milimétrica como la había planeado el día anterior. Pretendía dejar a las 6 de la mañana en punto su casa, su vecindario, sus muebles –algunos todavía útiles-, a su mamá y a un pequeño labrador “langaruto”, como ella dice.

“Había alistado todo, tenía mi maleta gigante, las cobijas y las almohadas en una bolsa de mano. Y comidita, pues, porque no sé cuánto tiempo pasaremos sin comer. Ah, y los documentos. Esos me tocó guardarlos bien porque sé que los pueden robar. Pero a la chiquita le dio berrinche y no vamos a llegar a la hora que le dije a mi esposo. Las horas van en nuestra contra siempre”, afirma con resignación y lamento a pesar de que han pasado 48 horas desde el episodio.

Dejar la casa a las 6 de la mañana no era capricho. Le esperaban cuatro días de un largo trayecto que incluía, por lo menos, tomar 13 buses. En 96 horas pasaría por tres países, pararía en nueve ciudades, al menos en dos municipios y un corregimiento, y tendría que hacer, por lo mínimo, dos caminatas de 30 minutos.

“¿Dónde estoy? Fue su primera pregunta al bajar del bus usando un par de cobijas en medio de más de 38 grados de calor. Aunque no encuentra nada que le dé referencia de dónde está, dice con voz firme: “Después de tantas horas, debo estar ya en Ecuador”. No es así.

El drama de las venezolanas que cruzan a Ecuador para que sus bebés tengan nacionalidad

Por el tamaño de su barriga, Virginia parece que está a punto de dar a luz, pero en realidad no sabe cuántas semanas tiene. Durante el que cree que fue su segundo mes tuvo un control prenatal, y unos meses después una ecografía.

“Lo único que me da miedo es que no vaya a tener su nacionalidad. Para mí es imposible volver a Venezuela a registrarla. Entonces, ¿quién sabe?, ¿cómo hago para que la chamita no esté así?”, pregunta Virginia, una de las 8.209 mujeres venezolanas en estado de embarazo que a corte de junio estaba en el país, según Migración Colombia.

De ese total, 6.304 no tenían controles prenatales, 8.045 no tenían seguridad social y que habían 7.496 mujeres lactantes.

El ‘salvador’ de los venezolanos en Puerto Asís

Julio Sifontes lleva tres años en Colombia. Ha estado en Argentina, Perú y Ecuador. Ha hecho y deshecho su maleta en varias ocasiones. También caminó por horas para llegar a sus destinos e incluso estuvo en situación de calle durante 21 días en Buenos Aires.

Huir de Venezuela para buscar un mejor futuro hizo que hace años no vea a sus seis hijos, pero no ha desquebrajado su temple y don de gentes. Hoy es el presidente de Funvencol, una fundación de venezolanos en Puerto Asís, Putumayo.

Su organización es tan importante que las autoridades no esconden que se basan en sus datos y no en los del Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos.

Este es su día a día.

Ecuador y Colombia, una frontera que revive por los venezolanos

El puesto fronterizo de Ecuador y Colombia es diferente al que hay con Venezuela en Cúcuta. Casi todos los autobuses que vienen de Bogotá, cuando cumplen la ruta, llegan a la terminal de La Hormiga tras 18 horas de trayecto. El pasaje puede costar hasta 100 mil pesos.

Desde allí, los venezolanos toman una nueva flota que les cobra 7.000 pesos más y que recorre la carretera número 45. Tras 40 minutos más de camino se estrellan con San Miguel, el último municipio colombiano a esa altura.

Luego se adentran a General Farfán, el primer pueblo ecuatoriano y apenas unos kilómetros después está el Puente Internacional de San Miguel, la frontera entre Ecuador y Colombia. Eso quiere decir que los límites se trazan cuando ya se está del lado ecuatoriano. Hasta ahí no hay ningún control migratorio.

Más de 35 mil personas salieron por este punto fronterizo entre enero y septiembre de este año. 27 mil eran venezolanas.

Los buses llegan hasta el puente. Desde ahí, los venezolanos deben bajarse, tomar sus maletas y caminar a pie los 220 metros de largo que tiene el puente que costó 3 millones de dólares y se terminó en 1995, pero recién empezó a operar en septiembre de 2000.

Ya del otro lado tienen dos opciones: pueden caminar durante 35 minutos, o usar motocicletas que por 3.000 pesos o 1 dólar los llevan hasta el Centro Binacional de Atención Fronteriza (CEBAF).

Credits:

EL TIEMPO - Casa Editorial

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