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Testigos de una existencia humana reconciliada con la creación

En ningún otro ámbito nos enfrentamos tan directamente a los límites y a las responsabilidades de ser colaboradores, como en el cuidado de nuestra Casa Común. El reto es el de mayor magnitud, porque todo está en juego y es poco lo que podemos conseguir. Sin embargo, nuestra contribución es indispensable y urgente. Cualquier retraso en empezar a preocuparse activamente por el futuro de nuestra tierra, constituye una amenaza para ese futuro.

1. Al comenzar mi oración, pido la Gracia: de un compromiso mayor con el cuidado de la creación.
2. Jesús tiene una manera diferente de ver las cosas materiales.

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? (Mt 6: 26-30)

3. Me dejo desafiar por las exigencias de la cuarta PAU.

“Nos proponemos, desde lo que somos y con los medios a nuestro alcance, colaborar con otros en la construcción de modelos alternativos de vida basados en el respeto a la creación y en un desarrollo sostenible capaz de producir bienes que, justamente distribuidos, aseguren una vida digna a todos los seres humanos en nuestro planeta. La conservación en el tiempo de las condiciones de vida del planeta es una responsabilidad humana cargada de sentido ético y espiritual.”

“Es necesario, por tanto, salir de uno mismo y cuidar con cariño de todo aquello que es bueno para los demás. Un modelo de vida humana reconciliada con la creación no será posible si no somos capaces de salir del individualismo y el inmovilismo.”

“La conversión para nosotros, jesuitas y compañeros/as en la misión, comienza por modificar los hábitos de vida propuestos por una estructura económica y cultural basada en el consumo de la producción irracional de bienes.”

  • ¿Cómo evaluaría mis costumbres de vida con respecto a la urgente conversión ecológica?
  • ¿Cómo relaciono esta conversión ecológica con mi seguimiento de Cristo y con la misión global de la Compañía de Jesús?
Considero estas preguntas y hablo de ellas con el Señor.
4. Después de mi oración, releo la sección D de la carta del P. General, Colaborar en el cuidado de la Casa Común (pp. 5-6).

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