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TULIPA II naturaleza y artistas

El espejo de la naturaleza

Junto con los tulipanes, llegaron a Europa otras plantas ornamentales como jacintos, anémonas, narcisos, lilas… Todas ellas transformaron la apariencia de los jardines europeos.

Además de sus representaciones en cuadernos científicos, inventarios o catálogos para mostrar lo que “se cocía” en los viveros, se empezaron a plasmar en el arte pictórico. Cuando fue el fervor de la tulipomanía en Holanda, los tulipanes también habían enraizado y fueron pintados en otras partes de Europa.

Alexander Marshall (1639-1682) y Nicolas Robert (1625-1684). © The Trustees of the British Museum.

Las pinturas florales fueron posibles por dos razones. Por una, el apogeo del espíritu científico que registraba en libros y catálogos lo habido en la naturaleza. Por la otra, el protestantismo, que promulgó el fin de las imágenes religiosas en los países del norte de Europa.

Hasta ese entonces, la pintura de paisaje y los bodegones se consideraban inferiores a otros géneros de la pintura porque no incluían temas humanos. Las "naturalezas muertas" estaban relegadas a un quinto lugar por debajo de la pintura histórica, el retrato, las escenas de la vida cotidiana (pintura de género) y el paisaje.

Se dice que estos holandeses fueron los primeros en describir la belleza del cielo.

Con la iconoclastia los pintores flamencos se vieron obligados a ceñirse a temas que no pudieran provocar ninguna objeción religiosa. Se crearon especializaciones en aquellas ramas de la pintura que se consideraban como subgéneros de la misma. Esto llevó a que se adquiriera una gran perfección técnica.

La ciencia ayudó a ver a los objetos de otra manera. Éstos tomaron valor por sí mismos, ya no eran necesarios la narración, el tema religioso o el mitológico. El tema del cuadro pasó a ser secundario. Podía componerse un cuadro perfecto con simples objetos.

En Tulipa I mencioné que en estas pinturas se detecta un sentido asociado a las vanitas. Es decir, que aunque aparentemente no exista un tema en estos cuadros, sí que pueden estar diciéndonos algo acerca del sentido de la vida, de la belleza, del lujo, de los placeres mundanos, de lo perecedero, del memento mori...

El español holandés

La relación que España mantenía con los Países Bajos a principios del XVII, hizo posible que el conocimiento de la pintura flamenca llegara a los círculos cortesanos.

De entre los pintores españoles, el primero que incorporó la pintura de flores en los bodegones de manera explícita fue Juan van der Hamen y León.

Se le reconocía particularmente por sus representaciones de lujosas piezas de cristal. El motivo principal de este precioso cuadro es el gran jarrón de cristal con distintos tipos de flores, entre ellas, tulipanes.

Juan van der Hamen y León (1596-1631). Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio. Óleo sobre lienzo, 1627. © Museo Nacional del Prado.

El tiempo no pasa

En muchas de las pinturas florales del XVII se mezclaban plantas que no florecían en la misma época del año. Esto indica una doble intención: por un lado la estética, y por el otro la de mostrar todo aquello que resultara exótico, valioso o lujoso, en una misma obra. También implican una negación del paso del tiempo. Eran obras detalladamente pintadas, fieles reflejos de la naturaleza.

Una pintora y miniaturista extraordinaria del barroco italiano fue Giovanna Garzoni. Desarrolló un particular sincretismo entre las pinturas de bodegones convencionales y los estudios científicos botánicos. Pintaba sobre pergamino con acuarela o gouche. Sus miniaturas son de una belleza y una delicadeza conmovedoras.

Giovanna Garzoni, (1600-1670). Florero de cristal con tulipanes, anémonas y narcisos. ca. 1642-51. Foto vía wikimedia.

Mosaicos de papel

Al igual que Giovanna Garzoni, la británica Mary Delaney, en el siglo XVIII, combinó con extraordinaria precisión el arte y la ciencia. A los 72 años comenzó una increíble serie de 985 collages de flores, estaban hechos con papeles de colores cortados. Ella los llamaba "mosaicos de papel".

Se dice que empezó a hacer estos cuadros cuando se percató de la similitud entre un geranio y un trozo de papel rojo que estaba en su mesita de noche. Sus piezas son tan exactas, que no hay temor a equivocarse en saber qué flor está representado.

Mary Delany (1700-1788). Collages de papeles de colores sobre fondo sólido en tinta negra. © The Trustees of the British Museum.

Usaba piezas de papel más pequeñas en capas sobre las más grandes para crear profundidad y sombras. Algunas veces se ayudó de la acuarela para mejorar los cuadros. El pegamento usado para unir los papeles se cree que era clara de huevo o harina y agua.

Los espejos del alma

Hacia finales del siglo XIX las estampas japonesas tuvieron una crucial influencia en el arte europeo. Sus colores poseían efectos directos y vigorosos y no les importaba si los objetos quedaban "cortados" en el lienzo. La evolución de la cámara portátil y de la instantánea ayudaron a descubrir otros ángulos de visión. Nacieron estilos que desafiaban al academicismo y propusieron otra manera de representar a la naturaleza, como el Art Nouvea, el Impresionismo, el Puntillismo, y, un poco más tarde, el Expresionismo.

La pintura de bodegones había quedado relegada durante el Neoclasicismo y el Romanticismo. Fueron los artistas de finales del XIX quienes la retomaron. Monet, Renoir, Cézzanne y Pissarro desafiaron al academicismo. El color y el gesto se hicieron más importantes que el trazo y el dibujo para representar a la naturaleza. Sus cuadros son un destello de colores y texturas.

Camille Pissarro (1830-1903). Jarrón con flores, 1900. Wikiart.
Paul Cézanne (1839-1906), Jarrón de tulipanes, 1890. The Art Institute of Chicago.
Pierre-Auguste Renoir (1841-1919). Tulipanes, 1909. Wikiart.
Odilon Redon (1840-1916), Jarrón con flores, 1916. The Cleveland Museum of Art.
Vincent van Gogh (1853-1890), Girasoles, 1889 · Irises, 1890. Van Gogh Museum, Amsterdam.

Vincent van Gogh pintó el hermoso campo sembrado de tulipanes (arriba) antes de irse a Arlés. Curiosamente, nunca pintó un bodegón de estas flores, como sí lo hizo con sus girasoles o sus irises. No obstante, en la actualidad hay un tipo de tulipán que lleva su nombre. Así como hay otro tulipán que lleva el nombre de "Rembrandt", quien, por cierto, tampoco pintó tulipanes.

Una flor es bella en sí misma. Desde que las pinturas de flores adquirieron su propia autonomía, se erigieron como uno de los temas preferidos de muchos pintores. En el arte moderno, la pintura floral a menudo se ha utilizado como base para experimentos formales y para mostrar estados del alma. A lo largo del desarrollo y del cambio en las formas de representación de la naturaleza en el arte, nuestro protagonista, como puede observarse, nunca ha dejado de aparecer en escena.

Marc Chagall (1887-1985), Los tulipanes púrpuras, 1928. Colección privada. Sothebis.

Semper Augustus

Los tulipanes marchitos no vuelven a florecer". Omar Khayan

.

A Marujín

El tulipán, la almohada, el jazmín, la lila, la naranja,

el carmesí, el azafrán y el turbante.

La noches sin estrellas. El cauce subterráneo.

Los sueños más profundos en carne viva.

Las escenas se repiten:

los proyectos,

los gustos

y disgustos.

Las voces que no saben que hablan al mismo tiempo.

Las salidas ocultas:

se avanza a través del desconsuelo.

El bulbo, el tubérculo, la hoja. El ala breve y curva. La flor solitaria.

El virus y su efecto multicolor.

La quebradura.

La fiebre y su grabado.

La medicina.

El ritual, su fragua comunitaria. La dedicación

y el andar

hilvanados.

Tulipanes rotos,

museos de papel,

tulipaneros,

tulipas,

luz del duelo.

Irene Artigas

Plato de cerámica, Imperio Otomano, c. 1540-1550. © The Trustees of the British Museum.

Bibliografía

Gombrich, Ernst H. Historia del Arte. Alianza Forma, 15a. edición, Madrid, 1990.

Millares, Coro y Teresa de la Vega. Un paseo entre las flores. Recorridos temáticos. Museo Tyssen-Bornemisza. Página web.

Pavord , Anna. The Tulip. The story of a flower that has made men mad. Bloomsbury, New York, 1999.

Museos: Art Institute of Chicago, London National Gallery, Museo Nacional Del Prado, National Gallery of Art-USA, Rijksmuseum, The British Museum, The Cleveland Museum of Art, Van Gogh Museum.

Créditos de las imágenes que no aparecen en el desarrollo de la presente exposición:

Anónimo, Rijksmuseum.
William Morris, Tulipán, 1875. Textil. The Art Institute of Chicago.
Jan Van Goyen, (1596-1656). Un molino de viento junto a río. 1642. London National Gallery.
Claude Monet (1840-1926). Campos de tulipanes cerca de La Haya, 1886. Van Gogh Museum.
William Morris (1834-1896). Tulip and rose, 1876. The Art Institute of Chicago.
Vincent van Gogh (1853-1890), Flower Beds in Holland c. 1883. National Gallery of Art, USA.
Fátima Ronquillo, Girl with Prized Tulip, 2014.
Shafi' 'Abbásí, 1671-1672. © The Trustees of the British Museum.

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© María Artigas Albarelli, 2020.

www.mariaartigasalbarelli.com

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Maria Artigas
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