Cacho Negro: la orquídea escondida Investigadores de la UCR descubrieron un nuevo tipo de orquídea, hasta ahora conocida únicamente en el país.

La expedición a un volcán dormido y poco estudiado del país permitió el descubrimiento de una nueva especie de orquídea.

Por: Paula Umaña / paula.umana@ucr.ac.cr

En el corazón del Parque Nacional Braulio Carrillo, en medio de la Cordillera Volcánica Central, podemos encontrar un viejo volcán inactivo de mediana altura (unos 2150 metros), conocido como Cacho Negro. A pesar de su cercanía al Valle Central, la región selvática en donde este coloso se ubica es de difícil acceso, por lo que ha sido poco estudiado por geólogos y especialistas de otras ramas de la ciencia.

En el año 2008, los investigadores del Jardín Botánico Lankester (JBL) de la Universidad de Costa Rica (UCR), Adam Karremans y Diego Bogarín Chaves, formaron parte de la primera expedición botánica que se realizó al lugar, junto a otros expertos en áreas de la biología y la vulcanología, para explorar la riqueza natural que el volcán y sus alrededores albergan.

A pesar de los retos que el irregular y vírgen terreno presentaba, el helicóptero -la única manera en la que se pudo llegar a la zona- aterrizó frente a la cascada “10 de abril” del río Molejón, cerca de donde los científicos instalaron su campamento durante la semana de expedición.

En el viaje los botánicos tomaron muestras de algunas de las plantas para llevarlas al JBL y estudiarlas. Como resultado de casi ocho años de estudio, observación y comparación con otras especies, Karremans y Bogarín descubrieron una nueva especie de orquídea a la que bautizaron Brachionidium cornu-nigricum (cacho negro en latín).

Zona de Cacho Negro (Foto: Eliécer Duarte).
Cornu-nigricum

La orquídea de Cacho Negro, que por el momento solo se conoce en Costa Rica, forma parte del género Brachionidium, constituido por alrededor de 80 especies que se extienden desde Guatemala a Bolivia y Brasil. Por su parte, en Costa Rica se conocen al menos diez especies de este género.

La mayoría de especies Brachionidium se encuentra en zonas montañosas o pendientes específicas. En las pronunciadas colinas de la Cordillera Volcánica Central, que atraviesan las provincias de Alajuela y Heredia, se ha registrado un gran número de especies de ese género.

Según indicó Karremans, la flor descrita e ilustrada por él y Bogarín “fue encontrada creciendo en viejos troncos en condiciones de sombra y es de hábito rastrero, una de sus principales características”.

“La especie más similar a la encontrada es la B. filamentosum Luer & Hirtz, que se puede hallar en Panamá, Ecuador y Colombia, pero se distingue por los sépalos blancos y los pétalos y sépalos que son acuminados (que acaba en punta, disminuyendo de forma gradual) hasta un centímetro”, explicó el investigador.

Ilustración realizada por los investigadores para describir la nueva especie Brachionidium cornu-nigricum.
Trabajo minucioso

El estudio de una orquídea incluye diversas etapas: desde el trabajo de observación y recolección en el campo; el estudio y documentación con fotografías y dibujos, lo cual se realiza en el JBL; hasta la interpretación y comparación con otras especies para definir el género al que pertenece, revisión de bibliografía y conocer si la orquídea ya ha sido publicada.

Por esto, a pesar de que la expedición se llevó a cabo en el 2008, el descubrimiento de esta nueva especie de orquídea fue publicado en la revista científica Systematic Botany hasta el año pasado.

La descripción de nuevas orquídeas colabora tanto con la ampliación del registro científico de especies de plantas en el país y en el mundo, así como con el trabajo de conservación que realiza el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) en los distintos parques nacionales y áreas protegidas, al conocerse la diversidad de flora con la que cada uno cuenta.

Aunque no es posible evaluar la situación de toda la población de esta especie en donde fue encontrada, los investigadores afirman que “al ser una zona de difícil acceso y formar parte de un área protegida a nivel nacional, es muy probable que la especie se encuentre en buenas condiciones”.

La planta fue llevada hasta las instalaciones del JBL, ubicado en Paraíso de Cartago, donde floreció. Sin embargo, no se cuenta con fotografías, ya que en el momento de la floración ambos investigadores se encontraban fuera del país.

No obstante, la flor fue conservada en formaldehído (una composición química que permite conservar la planta por tiempo indeterminado) por uno de los trabajadores del Jardín, lo que permitió a Karremans y Bogarín realizar los estudios necesarios para la descripción de esta nueva orquídea.

Trabajo de campo (foto: Diego Bogarín)

El grupo de científicos que efectuó por vez primera una exploración volcánica y botánica en las faldas del cerro Cacho Negro estuvo conformado por Adam Karremans y Diego Bogarín, quienes trabajan con la flora de orquídeas del país; el vulcanólogo Eliécer Duarte González del Observatorio Vulcanológico y Sismológica de Costa Rica (Ovsicori), el guardaparques Miguel Ballestero, del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC); el arquitecto e historiador Carlos Ossenbach, y Heinrich Neukirch, quienes organizaron la expedición; el camarógrafo José Ramírez; además del naturalista Luis Sáenz, y los expertos en montañismo Mauricio Odio y Say Gamboa.

Género Brachionidium
Algunas especies de orquídeas pertenecientes al género Brachionidium, del cual es parte la orquídea descubierta (Cacho Negro).

El género Brachionidium cuenta con más de 70 especies de orquídeas, nativas de las zonas tropicales del continente americano.

Territorio virgen

Entre los principales intereses de la expedición científica al cerro Cacho Negro se encontraba la exploración y documentación del coloso, uno de los volcanes desconocidos por la población costarricense.

Esta parte del estudio, a cargo de Eliécer Duarte, vulcanólogo del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) de la Universidad Nacional, confirmó la existencia de un cono volcánico colapsado lateralmente, así como depósitos de dicha caída y restos de un domo -una especie de relieve suavemente ondulado y redondeado-, alterado por miles de años de condiciones meteorológicas extremas.

El volcán posee una forma cónica; sin embargo, hacia el noroeste presenta una especie de abertura de la cual desciende un río, que recoge a un gran número de quebradas que depositan sus aguas al fondo del cráter.

El lugar paradisíaco muestra espectaculares cascadas al acercarse en la parte más profunda del volcán, ya que las paredes verticales que protegen su cráter varían entre 300 y 400 metros, conformadas por una densa cobertura vegetal: lianas, trepadoras, plantas rastreras, árboles y arbustos, según el informe realizado por Duarte.

Fotografías de algunos hallazgos analizados por el vulcanólogo. (Foto. Eliécer Duarte)

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------*El uso, modificación o venta de las fotografías publicadas en este artículo está prohibido.

Created By
C+T | Suplemento de Ciencia y Tecnología Umaña
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Credits:

Diego Bogarín , Adam Karremans y Eliécer Duarte. Se prohíbe su uso.

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